Xavier Jordán en Cochabamba

Xavier Jordán: “Oponiéndote al gobierno boliviano corres el riesgo de que te persigan”

Xavier Jordán (Cochabamba, Bolivia 1971) hace tiempo que perdió los tapujos. Escribe sin filtros desde su tribuna –el blog Yo, basura– sobre acontecimientos sociales y culturales bolivianos. Despojado de la seriedad, habla alto y claro. No esconde su particular Biblia, Don Quijote de la Mancha, y reconoce tener su propio Dios, Charly García, orador argentino, genio del rock. Es un creyente comprometido con lo suyo. Además enseña y hace reír a sus alumnos en la Universidad Privada Boliviana, la Universidad Franz Tamayo y la Universidad Mayor de San Simón. Xavier Jordán es también youtuber. En los vídeos de su canal aparece cuestionando aspectos de la cultura y vaciando cajetillas de tabaco. Una tras otra. El escritor ha publicado tres libros, Cuando las almas se van marchando, sobre la fiesta de Todos Santos, Yo, Basura, compilación de artículos de prensa incorrectos y Periplos y Anclajes, ensayos sobre literatura y Estudios Culturales. Ahora está volcado en un cuarto libro sobre las mujeres de su vida: sus fetiches del cine y de la música entremezclados con experiencias personales.

Nos recibe en su cueva, en Cochabamba, cuyas paredes están forradas por libros y huele a ironía desde la puerta. Conversamos sobre Bolivia, la cultura, la política, el periodismo y la censura.

 

Tu estilo literario es descarnado. Te caracteriza la sátira, la burla, el humor. Tanto en el blog ‘Yo, Basura’ como en el anterior, ‘Incorrectus’ hemos podido apreciarlo.

Ese estilo que manejo propicia el debate y el cuestionamiento. Es mucho más eficiente que un tono conciliador, el políticamente correcto. Te pongo un ejemplo. En diez años ha habido una fiebre de la construcción tan dramática que la relación con el entorno se ha perdido. A eso súmale el calentamiento global. Los vecinos salen a su calle y talan un árbol porque les estorba. Si le digo al vecino “por favor, no destruya el árbol”, me manda a la mierda. Entonces le tengo que decir “mirá, hijo de puta, destrozá y te voy a sacar la mierda”. Esa ironía, esa dureza, produce mayor reacción en la gente. Parafraseando a Pérez-Reverte “denunciar esa estupidez es mi manera de vengarme ante esa estupidez”. Lo denuncio como puedo, que es mediante la escritura.

¿Lo haces como forma de transgresión?

Sí, forma parte de la cultura iconoclasta que uno maneja desde que es adolescente. “¡Muera Neruda!”. Se puede decir que tengo el complejo de Peter Pan y me creo joven y rebelde todavía.

Siendo crítico te ganaste ciertas enemistades, ¿no?

Sí. Cuando dices las cosas como piensas te ganas enemigos por todos lados. Pero también te ganas amigos. En Bolivia la situación política está muy polarizada. Tú hablas mal del gobierno y los seguidores de Evo Morales te identifican y te acusan, “ah, este es neoliberal, capitalista, fascista”. Pero si dices algo bueno del gobierno entonces ataca la oposición, “ah, este es marxista”. No hay término medio, en Bolivia hemos perdido la lógica de que uno pueda pensar por su propia cuenta.

Hemos leído que el boliviano se toma las críticas como una verdadera ofensa. No acepta el humor.

Sí, y el mayor ejemplo son los artistas. No se les puede hacer críticas, son demasiado susceptibles. No hay un sentido de la crítica. Si los artistas, los intelectuales, son reacios a la crítica, imagínate la población. Es un problema.

 

CULTURA EN BOLIVIA

Tú no te salvas criticando abiertamente el arte. Por ejemplo en tu crítica a María Galindo y su colectivo Mujeres Creando o a cantantes como Cristian Castro. Aunque esta banalización de la cultura de la que hablas es algo global.

Claro, yo critico lo que hay acá porque lo de otros lados no lo vivo de tan cerca. Vargas Llosa, aunque en su pensamiento suele ser un tipo antipático, analiza esta tendencia de que no hay parámetros definidos para establecer una relación con el arte o con la cultura en su libro La civilización del espectáculo. A veces surgen movimientos impostores. Lo interesante no es cuestionar a estos impostores, sino propiciar el debate… pero la gente no quiere debatir.

Si la gente no quiere debatir, la función del arte contemporáneo estaría desapareciendo.

Depende. He visto formas de arte maravillosas, muy contestatarias, con una propuesta clara. Pero también he visto torpezas o el pretexto de una persona sin talento. Por ejemplo, uno que no sabe dibujar decide pintar un inodoro verde diciendo “esto es arte, quiero reflejar la naturaleza en mi vida”. Hay una impostura, pero también hay movimientos que están deseando expresarse. Lo que pasa es que son muy underground y no tienen espacios. No se les da visibilidad. Y Cochabamba sigue teniendo el pensamiento colonial de hace dos siglos.

¿Y en La Paz cambia algo?

Hay mucha expresión urbana, es más metropolitana, pero sigue teniendo estos problemas. En El Alto, la zona de expansión de La Paz, sí que están surgiendo cosas interesantes, pero los medios de comunicación no visibilizan ni los gobiernos apoyan.

¿Entonces los artistas se exilian?

Sí, sobre todo en dos disciplinas: en la pintura y en la escritura. Hay una tendencia a nivel mundial de que el escritor debe prepararse académicamente. Entonces se van porque aquí el círculo es muy cerrado y pequeño. Por ejemplo, en el hip hop, o los grafiteros tienen que moverse en círculos pequeños, invisibles ante la sociedad y criminalizados. No es una cuestión del Estado, es una cuestión de la sociedad, que está cerradísima. Cada vez está peor, las tecnologías avanzan, pero la gente está encerrada en valores religiosos, porque el avasallamiento de las iglesias ha sido brutal. La seguridad es también un tema obsesivo, la gente está temerosa. Si van por la zona sur de Cochabamba van a ver barrios con muñecos colgados, diciendo aquí linchamos ladrones.

Parece paradójico, que con esta globalización en vez de progresar retrocedamos.

El gran desafío, decía Zygmunt Bauman, está en tratar de adaptar al ciudadano medio, porque este es el gran excluyente. Está tendiendo a tener una postura conservadora, xenofóbica, racista. Es contradictorio que en una sociedad donde ha triunfado la comunicación virtual vivamos cada vez más encerrados en nosotros mismos.

Nos llama la atención la piratería de libros en Bolivia.

Sí, es un paraíso. En navidad me compré una colección inédita de artículos nunca publicados de Umberto Eco. Justo los llevó a la imprenta dos días antes de morir. No lo había encontrado en ninguna librería en Bolivia, y lo encontré pirata por 10 pesos bolivianos (1.5€). Es una belleza. A la piratería hay que hacerle un monumento.

También hay mucha piratería de DVD y CD. ¿No está penalizado?

En películas es impresionante. No está penalizado, no hay control. Las personas que venden los DVD son chicos que se bajan las películas o las traen del Perú. No tienen altos estudios, pero se autoforman. Yo tengo un casero –la persona que normalmente te vende, decimos en Bolivia– que suele tener de todo. Yo, para molestarlo, le pido películas difíciles. Un día le digo, “estoy buscando Repulsión” y me dice “uy, no, ahorita recién se la llevaron, la tendré para el martes, mientras tanto puedes ir revisando estos otros títulos de Polanski”. ¡El tipo sabía todo! Tienen una cultura increíble creada no por el estudio de la academia oficial, sino en función a su oficio.

 

PERIODISMO Y CENSURA

¿Cómo ves el periodismo en Bolivia?

Pérez-Reverte tiene un estudio sobre la situación del periodismo en España. Pues… ¡acá está igualito! En general se ha estancado en un periodismo muy informativo, que no indaga, se basa en los conceptos del periodismo tradicional y las cinco preguntas básicas. Ahora tiene que adaptarse a las necesidades de una nueva narrativa, al uso de las nuevas tecnologías. Es un desafío. El periodismo televisivo es un desastre. Ha entrado en la lógica de una civilización del espectáculo. Los presentadores de televisión se creen comentaristas, expertos en cualquier cosa. Las alternativas interesantes pasan por un periodismo independiente, electrónico y más narrativo, vinculado a la literatura, más concentrado en personajes y que busque vinculación con la realidad cultural y ciudadana.

¿Se hace periodismo de investigación?

Todo debería ser de investigación, pero apenas hay. Al gobierno de Evo Morales no le gusta que se hurgue en lo que está pasando. Por ejemplo, tenemos el caso del periodista Wilson García Mérida, que ahora está exiliado en el Brasil porque hizo una investigación sobre tráfico de prostitución, en el cual están involucrados varios miembros del gobierno. Lo nombraron traidor a la patria. Lo peor es que los propios periodistas le han negado el acceso. Hay un silencio cómplice.

A ti te censuraron varias veces.

Sí, tuve una columna en un suplemento cultural –La Ramona– del periódico Opinión. Esa columna seguía la misma lógica del blog Yo, Basura: son columnas incorrectas con lenguaje vulgar. Un asco de columnas. Algunos grupos se sintieron afectados y heridos con mis comentarios. Después me pasó lo mismo con los organizadores de la Feria del Libro, después con una ONG… y así sucesivamente los grupos sociales dijeron al periódico que no me soportaban y me echaron. En todo caso, yo hice escándalo cuando me censuraron y eso me dio más popularidad todavía.

 

POLÍTICA Y EVO MORALES

Evo Morales está intentando perpetuarse en el poder. ¿Qué puede pasar?

En este país hay una cuestión histórica: todos los presidentes que han buscado mantenerse en el gobierno más allá de la Constitución han fracasado. Si Evo Morales la modifica para volver a presentarse a elecciones va a haber un malestar. El gobierno tendría que enfocarse en hacer un discurso mucho más integrador, permitir que la clase media “blanca” pueda tener participación dentro de ese gobierno, porque hay un resentimiento racial muy terrible acá. Y hacer un proceso de –como decimos en Bolivia– “sana sana”, tratar de conciliar. Este es el desafío de Evo Morales, si lo logra va haber Evo Morales por mucho tiempo, sino habrá una imposición, una tiranía dramática.

¿Surgirán nuevos movimientos políticos en un futuro próximo?

Todos tenemos esa esperanza, pero es que acá no tenemos ni oposición. El gobierno ha demostrado una capacidad única para manejar autoritariamente el poder. Ha logrado intimidar. Al margen de que tiene grandes logros, tiene también grandes metidas de pata. Ha copado como un pulpo todas las instituciones y nos ha dejado en una situación en la que oponerse al gobierno de una manera abierta significa correr el riesgo o de que te persigan o de que exilien o te anulen.

Como una especie de dictadura.

Sí, conceptual e ideológica.

¿Y qué hace la oposición al respecto?

Nada. No hay siquiera un solo líder de la oposición que tenga una propuesta. No hay proyecto de unidad, ni de nación. Los ciudadanos estamos ante una situación sin norte. Tendría que surgir un mesías.

La situación parece delicada. Y más ahora después del referéndum.

No sabemos todavía si Evo se va a presentar. Parece que ya todo indica que el referéndum fue solo un show mediático que no ha servido para nada porque aunque saliera el “no”, el presidente sigue emperrado en que quiere participar. Y va a conseguir todos los medios “legales” para hacerlo. Y frente a eso, si no hay hasta el 2019 una oposición, la cosa va a seguir así. La oposición no tiene capacidad de articulación. Es tan mezquina que es incapaz de formar un solo bloque. Se encierran en sus feudos (Cochabamba, Santa Cruz, La Paz…) y son incapaces de generar un proyecto común. Es bien pueblerino el asunto.

La sociedad boliviana es conservadora pero no duda en salir a la calle a manifestarse si hay injusticias.

Sí, y lo ha demostrado en varias ocasiones. Sale cuando ve que está afectando su vida cotidiana. Son movimientos políticos casi espontáneos. Aquí en Cochabamba, la guerra del agua o la guerra del gas como ejemplos. Sale porque se siente amenazada. Ningún gobierno debe subestimar la fuerza de su gente. Y ojalá siga existiendo en Bolivia, entre la gente, esta especie de vocación por la democracia. Hemos pasado por un periodo de casi quince años de dictaduras, una tras otra, pero ha habido siempre mucha presión popular. Por eso la guerra del gas, o la del agua, son recordatorios para los gobiernos: “no puedes hacer lo que quieras, porque a Bolivia le ha costado sangre y muelas conseguir su democracia”.

Con el ascenso de las derechas en algunos países de América Latina. ¿Cómo ves el socialismo de Bolivia hoy?

Ahora todos están pendientes de lo que pasa en Bolivia. El gobierno de Maduro está muy debilitado, la muerte de Fidel ha desestructurado la cosa, no sabemos cómo reaccionará Raúl Castro, los Kirchner ya no están, los Lula lo están pasando muy mal. Entonces, en esta lógica, el gobierno más fuerte en eso que se llama socialismo nuevo es el de Evo Morales. De acuerdo a lo que pase en 2019 puede que se defina una tendencia en Latinoamérica. Ahora hay un desencantamiento con estas posturas progresistas. Pero estas posturas han logrado muchos cambios sustanciales. Por ejemplo, que tengamos un parlamento prácticamente indígena en Bolivia es un hecho simbólico y sin precedentes acá. Pero en los hechos no ha cambiado nada: la pobreza sigue igual, seguimos sin acceso a la educación, sin acceso a la salud ni producción. Se queda en esto, en lo simbólico. Y nada más.

Deja un comentario