Evo Morales en un discurso

¿Es Evo Morales socialista y pro-indígena?

Después de lo acontecido en Paraguay, donde Horacio Cartes, el presidente electo, provocó una sangrienta manifestación por intentar ser reelegido en las próximas elecciones, en Bolivia los opositores firman un manifiesto donde se acusa al gobierno de usar la justicia para perseguirlos y donde se exige a Evo Morales que acate los resultados del referéndum del año pasado, que votó NO por modificar la constitución boliviana para poder ser reelegido.

El caso de Paraguay sirvió a la oposición para instar al jefe de gobierno de que desista de su ya más que sabida intención de repetir el referéndum. La justificación de Evo Morales para repetir el proceso es que “la oposición y la derecha han mentido a la población”. ¿Pero acaso es Evo Morales socialista?

La imagen de Evo con un fuerte sentimiento antiamericanista confirma que la enorme injerencia que Estados Unidos ejerció en América Latina durante casi todo el siglo XX, obligue a los mandatarios supuestamente socialistas, romper las relaciones imperialistas con los americanos, o al menos aparentarlas. En el caso de Argentina, cuando los Kirchner estaban a la cabeza, su diplomacia exterior dio un giro de 180º hacia China. El saqueo neoliberal al que se vio sometido el país durante buena parte de la dictadura y posteriormente en los 90 con Ménem —supervisado por el gobierno de los EE.UU— influyó a que los K decidieran reorientar sus relaciones internacionales al mastodonte asiático. Cambian los actores, pero el trasfondo económico sigue siendo el mismo. Obedece la misma lógica de mercado capitalista que obedecía cuando su aliado estratégico era Estados Unidos. Intentar y promover una ruptura con la hegemonía cultural y económica americana se convierte en una baza propagandística y electoral, que es precisamente lo que ocurre con Evo Morales.

Evo Morales llegó a la presidencia en 2005. A la presidencia del país llegó un sindicalista cocalero que había comenzado su carrera política en Chaparé, en la selva boliviana, al norte de Cochabamba. El incremento del narcotráfico en la región incentivó a Estados Unidos a presionar al entonces gobierno de Hugo Bánzer para eliminar 7.000 hectáreas de campos de cultivo de la hoja de coca, una planta milenaria y tradicional en Bolivia que se transformó en un conflicto geopolítico cuando comenzó a entrar como sustancia estupefaciente en EE.UU en la década de los 70. Dicen que ahí, cuando la DEA se sumergía en la selva boliviana para acabar con los narcos—y campesinos— surgió en Evo un fuerte antiimperialismo que se reflejaría en su presidencia más tarde.

Los primeros años de Evo Morales en la presidencia fueron acordes a las expectativas: nacionalizó los hidrocarburos, las telecomunicaciones y la minería; crecimiento económico; reparto agrario a campesinos con pocos recursos; incorporación del grueso de la población indígena a los programas sociales; reconocimiento estatal a las 30 etnias indígenas de Bolivia; erradicación del analfabetismo; preservación del medio ambiente; confrontación con las tradicionales élites del país localizadas en el occidente….

Quizás el momento más tenso desde que Evo es presidente fuera el que ocurrió en Agosto de 2008. Las ya mencionadas élites del occidente de Bolivia se pusieron en pie contra el mandatario, que con el intento de un referéndum revocatorio acabó de caldear los ánimos. Resultado: el país más dividido que nunca y una crisis institucional con EE.UU, cuyo embajador fue expulsado de Bolivia ese mismo año acusado de conspirar contra el gobierno.

Hasta aquí todo bien.

Hasta que uno analiza con más detenimiento en qué manos quedaron los recursos del estado. Puede verse que Bolivia sigue el mismo juego que tan bien practican los americanos, pero con diferentes actores. Parece contradictorio que el que se autoerige adalid en la lucha contra las multinacionales que saquean el país, sea el que permita que las minerías estén en manos de dichas multinacionales. Por ejemplo, si uno observa detenidamente la nacionalización de los hidrocarburos, podrá darse cuenta de que en realidad no es una nacionalización, no al menos en el significado más estricto de la palabra. La nacionalización consistió básicamente en una elevación de impuestos y regalías a las multinacionales. Solo basta mirar el proyecto Margarita-Huacaya, una multimillonaria inversión de Repsol en el país boliviano para la extracción de gas. La primera fase comenzó en 2012 y dado los buenos resultados —de aquí se obtiene el 30% del gas natural de Bolivia— la petrolera ya pide quedarse en el país hasta 2050. Pero el caso es más sangrante aún si uno se fija en los accionistas que aparecen en el contrato con el estado boliviano y que operan en el yacimiento de gas. Repsol Bolivia tiene una participación del 37,5%, teniendo como socios a la británica BG Bolivia Corporation Sucursal (37,5%) y la argentina PAE E&P Bolivia Limited Sucursal Bolivia (25%). Es decir, ni rastro del estado boliviano. Ni rastro de empresas bolivianas. El yacimiento más importante de Bolivia se encuentra en manos de tres poderosas petroleras extranjeras.

Igual de sangrante es el caso de la minería. Los precios de los minerales, que han rozado cotas históricas al alza, han permitido que las economías que se basan en un modelo extractivo se hayan visto beneficiadas, como ocurre con Bolivia, Chile, y en el mismo grado Perú. Los milagros económicos producidos sobre todo en Bolivia y Perú se basan en este crecimiento de precios. En el caso de Bolivia, la mayoría de la actividad minera está en manos de cooperativas privadas. La compañía japonesa Sumitomo controla desde el 2009 el 100% de la minería San Cristobal, la mayor compañía minera boliviana. Antes, su propietario era la estadounidense Apex Silver Mines. Y pagan unos impuestos que no llegan al 10%. En 2013, por ejemplo, las compañías mineras exportaron minerales por un valor de 3.000 millones de dólares. Solo 131 millones quedaron en las arcas del estado. Poco más del 4%.

Y el plan parece que sigue siendo el mismo. Ahora Evo Morales busca inversores para explotar siete nuevos yacimientos mineros encontrados en el país. Tan pronto abre en Agosto de 2016 una “escuela militar antiimperialista” para luchar contra la influencia política y militar de EE.UU, como va en Octubre, dos meses después, a buscar inversores americanos en Nueva York para sus yacimientos.

Otro atributo mediático de Evo Morales fue sin duda su origen indígena. En su discurso inaugural, Evo Morales pronunció estas palabras: “Ya hemos ganado. Aymaras, quechuas, chiquitanos y guaraníes. Por primera vez somos presidentes”. El colectivo indígena de Bolivia, que históricamente se había visto marginado de forma sistemática por las élites gubernamentales de su país, veían en Evo una fuente de esperanza para que de 2005 en adelante no se les pisotearan más sus derechos. Incluso en la Nueva Constitución promulgada en 2009 por el mismo Evo Morales, recogía en su artículo 30 que los pueblos indígenas debían ser consultados cuando el Estado o las instituciones aprobasen una medida administrativa o legislativa que pudiera afectarles. Algo que no cumplió Evo en 2008.

El gobierno de Bolivia firmó un contrato con la empresa brasileña OAS para construir una carretera que divide en dos el Parque Nacional TIPNIS. Esta carretera iba a formar parte de un corredor más amplio que pretendía conectar comercialmente el Atlántico y el Pacífico, algo que beneficiaría tremendamente los planes comerciales de Brasil. Esta carretera sería posible gracias a un préstamo de 412 millones de dólares del Banco Brasileño de Desarrollo Económico y Social. Evo, en este protocolo de financiamiento, acordó con Lula da Silva un acuerdo que abría las puertas a Brasil para la participación de empresas brasileñas en la explotación de los recursos del Salar de Uyuni, que tienen las reservas de Litio y Potasio más grandes del mundo.

Evo solo necesitaba entonces el permiso de los pueblos indígenas que habitaban en el Parque Nacional (que se encuentra en el Trópico de Cochabamba, en plena selva). Pero según la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia, esta consulta solo fue realizada a los indígenas cocaleros del Chaparé, los amigos de Evo, que no vivían en la selva y que además tenían intereses comerciales en que esa carretera fuera construida para aumentar el terreno de sus cultivos de hoja de coca. Tras una fuerte manifestación del pueblo indígena del TIPNIS, el proyecto fue paralizado —no sin antes una gran represión estatal. Pero es un proyecto que Evo Morales ha prometido varias veces retomar, saltándose los derechos constitucionales que él mismo promulgó con la nueva constitución de Bolivia. Esto, sumado a las numerosas quejas de colectivos indígenas sobre Evo, del que denuncian que solo privilegia a los indígenas que son de su comunidad —quechua y aymara— da una visión totalmente contraria a la imagen mediática del Evo pro indígena que se ve más allá de las fronteras de Bolivia.

Entonces. ¿Cómo puede autoproclamarse Evo Morales un presidente socialista? ¿Cómo puede achacar su derrota a las argucias maquiavélicas de la derecha? ¿Cómo se puede creer a un presidente que elimina sistemáticamente cualquier atisbo de disidencia? (Cabe mencionar aquí al periodista Wilson García Mérida, acusado de sedición —mediante un proceso judicial sin garantías mínimas— por llevar a cabo una investigación que implica al ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana en una red de tráfico humano y prostitución entre Brasil y Bolivia). Según el informe de Clasificación Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, “en Bolivia los medios de comunicación tienen un fuerte incentivo para evitar hacer comentarios negativos del Gobierno o del presidente Evo Morales”. Es por esta razón por la que Bolivia descendió diez puestos en el ranking mundial que ellos mismos elaboran. ¿Cómo entonces argumenta su derrota en el referéndum por las mentiras de la prensa y la derecha si como me dijo un reputado comunicador cochabambino “Bolivia es una dictadura conceptual e ideológica”?

Habrá que estar atentos a las intenciones de Evo Morales para volver a convocar el referéndum y si los bolivianos apuestan por la continuidad de un proyecto que pese a su imagen mediática ni es pro indígena ni es socialista.

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